LA EXPERIENCIA MUEVE LA ECONOMÍA, PERO AÚN NO GARANTIZA EL CRECIMIENTO PROFESIONAL EN ECUADOR

Detrás de buena parte de la actividad económica del país existen miles de trabajadores que han desarrollado habilidades técnicas, liderazgo y conocimientos especializados a lo largo de años de experiencia. Son perfiles que han aprendido desde la práctica, hoy ocupan posiciones estratégicas en empresas de distintos sectores y que contribuyen diariamente al desarrollo productivo del Ecuador.

Sin embargo, para muchos de ellos esa experiencia no se traduce en mayores oportunidades de crecimiento profesional, debido a que no cuentan con un título de tercer nivel que respalde formalmente los conocimientos adquiridos a lo largo de su trayectoria. Esta situación representa una barrera para acceder a nuevas oportunidades laborales, asumir cargos de mayor responsabilidad o continuar procesos de especialización, en un contexto donde el acceso a la educación superior continúa siendo limitado.

Para la Red Iberoamericana de Indicadores de Educación Superior, la Organización de Estados Iberoamericanos, el 70% de la población ecuatoriana no accede a formación de educación superior, evidenciando una brecha entre la experiencia laboral y la certificación académica 

Frente a este panorama, comienza a tomar fuerza una conversación sobre cómo reconocer el conocimiento que se adquiere fuera de las aulas y de qué manera la experiencia profesional puede convertirse en un punto de partida para continuar la formación académica, sin desconocer el recorrido laboral de quienes llevan años aportando al desarrollo de las organizaciones.

Este fue uno de los ejes abordados durante un encuentro organizado por la Universidad Internacional del Ecuador, donde se analizó los desafíos actuales de la empleabilidad y las nuevas rutas de profesionalización que empiezan a consolidarse en el país, como el Programa Ejecutivo de Validación de Conocimientos, una propuesta que busca reconocer la experiencia profesional como parte del proceso formativo y facilitar el acceso a un título de tercer nivel para personas mayores de 25 años con al menos cinco años de trayectoria laboral.

Finalmente, el encuentro puso sobre la mesa una realidad que cobra cada vez mayor relevancia para el mercado laboral ecuatoriano: la necesidad de generar mecanismos que permitan crecer profesional y académicamente gracias al conocimiento adquirido en la práctica. En un entorno donde las empresas demandan perfiles cada vez más especializados y en constante actualización, reconocer la experiencia laboral como parte del desarrollo profesional representa una oportunidad para ampliar el acceso a la educación superior y fortalecer la competitividad del talento ecuatoriano.